Cuando nos dijeron que nuestro hijo no se movía como debía hacerlo un niño de su edad, sentí que el mundo se me venía encima.
Y si hoy dijera que ese dolor ha desaparecido, mentiría. Hay heridas que una madre aprende a llevar, pero que nunca dejan de doler.
Nuestro hijo Enzo tiene una mutación en el gen OGT, una enfermedad genética ultra rara de la que solo existen 14 casos diagnosticados en todo el mundo. En España, Enzo es el único niño conocido con esta enfermedad.
Desde entonces, nuestra vida cambió para siempre.
Aprendimos que el progreso no siempre llega en forma de grandes pasos. A veces llega en una mirada más atenta. En una sonrisa. En un pequeño gesto que quizá para otros pase desapercibido, pero que para nosotros significa el mundo entero.
Porque Enzo nos ha enseñado que los milagros existen. Solo que a veces llegan despacito.
Cada día lucha por cosas que otros niños hacen sin pensar. Y cada día nos demuestra una fuerza que emociona y rompe el corazón al mismo tiempo.
Nosotros seguiremos caminando a su lado toda la vida. Pero ahora necesitamos ayuda para que pueda seguir recibiendo las terapias que tanto necesita.
