Hola, me llamo Neill, tengo 30 años y escribo estas palabras desde un centro de desintoxicación en Jerez de la Frontera.
Nunca imaginé que tendría que pedir ayuda de esta manera. Durante mucho tiempo pensé que podría salir adelante solo, pero hoy sé que las adicciones son una enfermedad y que pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino el primer paso para recuperar la vida.
Mi historia no empezó con el alcohol, sino mucho antes.
Desde pequeño sentía que algo no iba bien. Crecí creyendo que el problema era yo, sin entender por qué me rechazaba tanto. Con el tiempo desarrollé anorexia y bulimia, y años después comprendí el origen de gran parte de ese sufrimiento: soy un hombre trans.
La mastectomía alivió gran parte de la disforia que llevaba años sintiendo, pero la depresión seguía ahí. Durante mucho tiempo necesité ayuda psicológica y psiquiátrica, mientras intentaba estudiar, trabajar y hacer una vida normal.
Soy veterinario de profesión y siempre he encontrado en los animales un refugio. Me apasionan el anime, los videojuegos y los tatuajes, y siempre soñé con una vida sencilla: dedicarme a lo que amo y construir un futuro del que sentirme orgulloso.
Pero la depresión seguía acompañándome. A finales del año pasado apareció el alcohol. Empecé a beber para apagar mi mente durante unas horas y dejar de sentir una ansiedad constante. Lo que al principio parecía una solución temporal terminó convirtiéndose en una adicción.
Hace unas semanas tomé la decisión más difícil e importante de mi vida: ingresar voluntariamente en un centro especializado de desintoxicación. Hoy sigo aquí, luchando por recuperar mi vida.
Por eso he decidido crear esta campaña. No busco que nadie me salve; solo pido la oportunidad de poder continuar mi tratamiento sin que el dinero sea un obstáculo y demostrar que pedir ayuda nunca es una derrota.














