Nunca imaginé que mis hijos acabarían enseñándome tanto sobre la vida.
Cuando estaba embarazada de mis mellizos, Hugo y Noa, todo parecía ir bien. Pero en la semana 20 tuvieron que hacerme un cerclaje de urgencia porque el cuello del útero empezó a acortarse. Aguantamos unas semanas más, hasta que, en la semana 27, Noa decidió que quería venir al mundo.
Nada salió como lo había imaginado. Fue una cesárea de urgencia. No pude abrazarlos ni tenerlos conmigo. Se los llevaron directamente los pediatras y comenzó una etapa de meses en la UCI, llena de miedo e incertidumbre.
Con el tiempo llegaron los diagnósticos. Hugo y Noa tienen parálisis cerebral y sordera, y Hugo, además, tiene autismo.
Ha sido un camino muy duro, pero nunca he dejado de dar gracias a la vida. Porque, dentro de todo, mis hijos están aquí.
Y cada día me enseñan a vivir el presente, a no rendirme cuando las fuerzas flaquean y a mirar la discapacidad con otros ojos. No desde la pena, sino desde la capacidad, la valentía y la superación.
Ellos son mis grandes maestros. Y por ellos seguiré luchando siempre, pero ahora también necesito tu ayuda.












