Hay cosas que ninguna madre debería escuchar jamás, como que estás a punto de perder a tu hijo. Yo lo he escuchado demasiadas veces.
La primera llegó cuando estaba embarazada de apenas 11 semanas. Después de una única ecografía llena de ilusión, comenzaron los diagnósticos y la incertidumbre. Lo que debía ser una espera feliz se convirtió en una lucha constante por su vida (la vida de mi hijo).
A lo largo de estos ocho años he tenido que escuchar hasta en seis ocasiones que me despidiera del él(probablemente me estaba despidiendo de él). Antes de nacer, al nacer, antes y después de la cirugía de corazón (una operación) y durante varios ingresos en UCI. Seis veces pensé que podía perderle.
Pero Víctor decidió quedarse.
Hoy tiene 8 años. Le encanta tocar la batería, escuchar a Hombres G, practicar snowboard y surf cuando su salud se lo permite y regalar abrazos a quien los necesita. Tiene una fuerza que no cabe en su pequeño cuerpo y una sonrisa que ha sido mi refugio en los momentos más difíciles.
Su vida no ha sido fácil, pero nunca ha dejado de luchar.
Por él, por su futuro y por todas las oportunidades que merece tener, hoy me atrevo a pedir ayuda.


































