El incendio de San Martín de Valdeiglesias cambió la vida de Oskar. En apenas unas horas, perdió todo lo que había construido durante casi veinte años: su casa, la finquita en la que había puesto tanto esfuerzo e ilusión, la furgoneta en la que viajaba, su moto, placas solares, maquinaria y material de trabajo, todo lo de escalada, sus pertenencias personales… Absolutamente todo tragado por el fuego. También perdió a sus tres gatos, aunque todavía tenemos la esperanza de que hayan podido escapar y estén a salvo en algún sitio.
De la tranquilidad y armonía en la que vivía solo quedan cenizas















