Me llamo Maite Lama. Durante años he trabajado en proyectos de formación al profesorado en contextos de emergencias y crisis. Así llegué a Kakuma, uno de los campos de refugiados más grandes del mundo, en el noroeste de Kenia, y así llegué a conocer a Panique.
Panique Mubikirizo es un educador, un emprendedor y vive como refugiado en Kakuma. Desde dentro del campo, sin recursos ni estructuras externas, ha construido una organización, Wings to Fly, que forma a cientos de personas cada año en salud, educación emocional y habilidades para la vida, fomentando cultura de paz en un entorno en el que miles de personas vienen huyendo de la guerra.
Esta campaña es mi manera de dar a conocer y contribuir con todo el trabajo que realiza bajo unas circunstancias totalmente desfavorables. Necesita nuestra ayuda para que las instalaciones estén a la altura de lo que el programa ofrece.
Nuestro primer contacto fue a través de un proyecto de formación online para profesores en zonas vulnerables. Desde España, yo coordinaba la parte pedagógica del programa. Desde Kakuma, Panique se encargaba de que todo funcionara sobre el terreno: hablaba con los profesores, organizaba las sesiones online, resolvía dudas y motivaba a los participantes a seguir. Él mismo había sido alumno de un programa parecido.
Durante un par de años, traté a Panique casi diariamente. Lo conocía por su voz, por sus mensajes, por su gran predisposición. Era mi compañero de trabajo, pero trabajaba desde un campo de refugiados. Cuando viajé a Kakuma para impartir la parte presencial de la formación entendí realmente quién era.











