Soy Bea, la mamá de Darío, un niño alegre y lleno de vida. Mi hijo tiene esa capacidad especial de sacar una sonrisa incluso en los días más difíciles.
Pero su historia empezó luchando.
Antes de nacer ya tuvo que superar complicaciones y, durante sus primeros meses, llegaron las pruebas, las dudas y la sensación de que algo no iba bien. Ese instinto que tenemos las madres y que rara vez se equivoca.
Hasta que llegó el diagnóstico: Fibrodisplasia Osificante Progresiva (FOP).
Una enfermedad genética ultrarrara de la que la mayoría de las personas nunca ha oído hablar.
Mientras nosotros intentábamos entender qué significaba aquella noticia, Darío seguía siendo Darío, riendo y descubriendo el mundo a su manera.
Porque si hay algo que nos ha enseñado desde que nació es que rendirse nunca ha sido una opción para él.
